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GUÍA PARA COMPRENDER LA POLÍTICA EN AMÉRICA

María Ramírez

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Eduardo Suárez

GUÍA PARA COMPRENDER LA POLÍTICA EN AMÉRICA

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Eduardo Suárez

Seis lugares que definen a Elizabeth Warren, la opción anti-Hillary de los demócratas

Diciembre 15, 2014

La senadora demócrata Elizabeth Warren ha dicho este lunes en NPR que no está de campaña para ser presidenta de Estados Unidos. Sus seguidores no quieren creerlo. El discurso que dio en el Senado el viernes pasado en contra de la influencia de Citigroup en la Casa Blanca animó a los demócratas que no se conforman con la coronación de Hillary Clinton. Este miércoles el grupo MoveOn ha convocado una concentración en un café de Des Moines, en Iowa, para pedirle que se presente. El ‘Washington Post’ dice que Warren no quiere excluir del todo la posibilidad de presentarse.

Su biografía es apasionante y poco habitual en una política que ha llegado tarde a la vida pública por caminos poco convencionales. Estos son los lugares que mejor definen a la senadora de Massachusetts.

Norman.

Creció en esta pequeña ciudad rural de Oklahoma que sus padres eligieron porque estaba cerca de una base del Ejército y de una Universidad.

Su padre se arruinó en un concesionario de coches por un mal negocio con un socio. Tras varios golpes de mala suerte, vendía alfombras en unos grandes almacenes y ganaba dinero extra como conserje. Su madre era telefonista en los grandes almacenes Sears. Con 11 años, la futura senadora trabajaba como costurera para echar una mano en casa.

Su interés en el club de debate del instituto le abrió horizontes y la ayudó a conseguir una beca para estudiar en la Universidad George Washington.

Newark.

Se graduó en Derecho en la Universidad de Rutgers cuando acababa de cumplir 27 años y estaba embarazada de un segundo hijo. Se había casado con su novio del instituto, Jim Warren, cuando tenía 19. Abrió su propio bufete de abogados y empezó a dar clase en su alma mater.

Austin.

Su primera gran oportunidad fue aquí, en la Universidad de Texas, que la fichó en 1983. Entonces ya se había divorciado de su primer marido y se había casado con el profesor que hoy sigue siendo su pareja, Bruce Mann, que daba clases de Historia del Derecho.

En Austin, ella se interesó por la nueva ley que facilitaba la declaración de quiebra para individuos y empresas. Quería estudiar cuáles eran las consecuencias de esa legislación. Con la ayuda de otro profesor especializado en quiebras, analizó casos reales para entender el impacto en la clase media de la quiebra personal. Warren iba de tribunal en tribunal en busca de expedientes, donde veía retratados luchadores con sueños y mala suerte, similares a su familia en Oklahoma.

El estudio se convirtió en el libro As We Forgive Our Debtors, premiado, muy debatido y también cuestionado en varias universidades y revistas especializadas. Su objetivo, según reconocía años después, era demostrar que los bancos eran “una panda de tramposos” que estaban explotando a las familias con problemas. Descubrió que la mayoría de los que se declaraban en quiebra no eran emprendedores que habían probado suerte, asumido riesgos y podían seguir adelante tras suspender pagos. Tampoco eran derrochadores que gastaban demasiado en su tarjeta de crédito, sino familias de clase media que habían sufrido enfermedades con grandes costes hospitalarios que no podían pagar, sufrir divorcios o ruinas repentinas. La mayoría de las quiebras se debían a tragedias personales y no a costumbres manirrotas.

Cambridge.

La Universidad de Harvard la quiso fichar por primera vez en 1992, pero ella no aceptó hasta tres años después, poco convencida por tener que dejar a su marido en Filadelfia, donde ambos daban clases entonces. Mann sería contratado una década después. Warren se convirtió en una estrella académica, muy apreciada por los estudiantes. Larry Summers, el rector de Harvard, la consideró seriamente para nombrarla decana de Derecho. Entre sus alumnos estaba Joe Kennedy, hoy congresista.

Durante años, Warren fue una de las pocas mujeres con un puesto fijo en Harvard. Su formación chocaba con la de la mayoría de sus colegas, que habían estudiado y crecido en Harvard. Ella acabó siendo una de las personas mejor pagadas de la institución, con un sueldo por encima de los 350.000 dólares.

Washington.

Sus primeros tratos en Washington fueron conflictivos. En 1995, un informe para una comisión del Congreso que intentaba cambiar la ley sobre la quiebra y acabó metida en la lucha entre partidos para intentar proteger a los consumidores en las quiebras familiares. Las nuevas normas se aprobaron una década después con George W. Bush en la Casa Blanca y consiguieron lo contrario de lo que se proponía Warren.

Pese a la decepción, Warren empezó a atacar por otro frente: defender la creación de una agencia de protección al consumidor financiero que controlara a los bancos y protegiera de sus abusos a la gente corriente.

En 2008, el candidato Barack Obama se la llevaba de campaña para contar los abusos y Warren creía haber encontrado por fin el mejor apoyo político posible para sus inquietudes. Tras la victoria de Obama, los demócratas pidieron a Warren que ayudara en el control del primer fondo de 770.000 millones de dólares creado para ayudar a los bancos después de la quiebra de Lehman Brothers.

La hicieron presidenta de una comisión de seguimiento en el Congreso y se tomó muy en serio su labor organizando audiencias que transformaba en interrogatorios inquisitoriales a banqueros y políticos. En septiembre de 2009, sacó de quicio al secretario del Tesoro, Timothy Geithner, con sus preguntas exigentes sobre la ayuda a la aseguradora AIG.

En 2011 se definía como la creadora de las “raíces intelectuales” de ‘Occupy Wall Street’, la que había plantado las semillas de las protestas que empezaron contra los bancos en octubre de aquel año y se extendieron durante meses en Nueva York y el resto del país.

Su mala relación con el poder financiero tuvo consecuencias. Tras los diez meses en que Warren trabajó en montar la Oficina de Protección Financiera al Consumidor, en julio de 2011, el presidente anunció que nombraría como presidente a Richard Cordray, un abogado que Warren había ayudado a reclutar, igual que el resto de las 500 personas para la agencia.

Boston.

Con ganas de apartarla de Washington, Barney Frank, entonces miembro de la Cámara de Representantes por Massachusetts, la empujó a que se presentara al Senado para intentar reconquistar el escaño que durante décadas ocupó Ted Kennedy y que ganó el republicano Scott Brown en 2010. Con 63 años, Warren venció sus primeras elecciones. La carrera parecía ajustada, pero al final la demócrata ganó con casi el 54% de los votos.

Desde entonces, su perfil político sólo ha ido en aumento. Ni siquiera se presentaba a las elecciones de mitad de mandato del 4 de noviembre, pero su energética campaña sirvió para que saliera reforzada. En la campaña latente de Hillary Clinton ya hay preocupación.

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