Necesidades básicas

Esperando las lluvias

Por Gabriela Read

Domingo Figuereo, ganadero de Las Terreras. Foto / FRAN AFONSO / Oxfam
Domingo Figuereo, ganadero de Las Terreras. Foto / FRAN AFONSO / Oxfam

“Los viejos hablan de sequía, por allá por el 46…”, recuerda Nelson Turbí, de 70 años, productor de plátanos de toda la vida. “Pero más fuerte que ésta yo no la había visto”.

Turbí sabe de lo que habla. Acostumbrado a la aridez de la tierra, en una zona donde el promedio de lluvias ronda los 605.5 mm al año (la media en el país es de 1,500 mm), este productor de El Palmar, distrito municipal de la provincia Bahoruco, en la República Dominicana, asegura haber perdido el 80 por ciento de sus cultivos el año pasado, cuando la última sequía les tomó desprevenidos. “Fue devastador”.

En efecto, el 95 por ciento de los productores con menos de 50 tareas de cultivo resultaron gravemente afectados por el evento atmosférico desatado por el fenómeno El Niño.

A su vez, el viejo agricultor señala lo progresivo del proceso, que comenzó en el año 2013 y que se recrudeció hasta la estocada final en 2015. En ese año las aguas de presa de Sabana Yegua (que abastece las plantaciones de El Palmar) encontraron sus niveles críticos, emitiendo tan solo cuatro metros cúbicos por segundo, en lugar de lo normal, que son 24.

Para el 2013 la zona registró lluvias acumuladas de 463 milímetros, pero ya para el 2015 las precipitaciones apenas alcanzaron los 414.4 milímetros.

“El 2015 acabó de resolver con los agricultores (para) acabarlos de matar”. La frase puede lucir exagerada, pero se sostiene en la evidencia: durante el año 2015, el país experimentó su peor sequía de los últimos 20 años, según aseguró la directora de la Oficina Nacional de Meteorología, Gloria Ceballos.

Un estudio de la organización Oxfam titulado “Con la seca al cuello”, recoge la experiencia de los productores de plátano y arroz de las provincias dominicanas de Bahoruco y Montecristi.

En el caso de los productores de plátano, según el informe, la zona experimentó valores en la producción por debajo de lo normal (entre un 20 y un 30 por ciento) en el año 2014. La tendencia siguió decreciendo a lo largo de 2015 hasta llegar a septiembre, cuando la mayoría de agricultores ya no pudo producir plátano para la venta.

Fue por estos meses cuando la unidad de plátano a nivel nacional se colocó en la pasmosa cifra de 30 pesos (0.67 dólares) obligando al Gobierno a abrir un programa de importación desde Costa Rica.

Campo seco en República Dominicana. Foto / CELESTINO GONZÁLEZ / OXFAM
Campo seco en República Dominicana. Foto / CELESTINO GONZÁLEZ / OXFAM

La crisis tuvo un efecto que repercutió en toda la cadena productiva. Entre los agricultores, se redujo la contratación de jornaleros a un 40 por ciento. Entre los jornaleros, el grupo más vulnerable, cubrir las necesidades más básicas se volvió imposible, de acuerdo al informe de Oxfam.

La sequía obligó a los diferentes grupos a asumir distintas estrategias de supervivencia: desde la reducción del consumo de alimentos (incluso por debajo de las necesidades mínimas necesarias) hasta el robo de ganado y comida y la producción de carbón.

Para enero de este año, con las primeras lluvias, los productores de plátano se animaron a reactivar las fincas nuevamente. Alrededor del 30 por ciento de los productores están activos otra vez, pero se enfrentan a las dificultades que les heredó la sequía. Habiendo restaurado solo entre un 20 y un 30 por ciento de las plantaciones, deben préstamos por la totalidad de la cosecha anterior, la misma que perdieron en un 80 por ciento.

La mayoría de los agricultores tienen deudas y necesitan endeudarse aún más para poder continuar. “El banco no toman en cuenta lo de la sequía”, lamenta Turbí.

¿Cómo pagan el préstamo cuando pierden el 80 por ciento de la producción? “Nos las ingeniamos, tenemos que buscar alternativas”, contesta Miguel Matos, otro productor de la musácea.

“Yo tengo mi mujer fuera (del país) y gracias a las pequeñas remesas que me envía es que subsisto”, dice. “Ahora mismo le pago al banco de las remesas que me envía porque lo que produce la propiedad no me da para pagarlo, pero sí para el mantenimiento de la misma”, añade Matos.

Muchos productores pudieron sobrevivir gracias a que sus esposas eran empleadas municipales o a que los hijos migraron hacia el interior del país para dedicarse a la economía de servicios.

“Encontramos que ha habido bastante inmigración a la ciudad. De hecho, en la mayoría de los pueblos que hemos visitado, había como una franja de edad… no ves mucha gente joven; es porque han emigrado”, explicó Inés Dalmau, consultora de Oxfam que preparó el estudio.

Ahora la lluvia

“Hubiera sido mejor que pasara un ciclón que dejara agua. En unas cuantas semanas ya estás trasplantando. Pero este fue un ciclón seco que no dejó alternativas. ¿Qué es lo que vas a sembrar con una sequía tan fuerte como ésta?”, dice Turbí.

Pero el país ya tiene experiencias fatales en el binomio sequía-lluvia: para 2007, la sequía de ese año concluyó con la devastación producida por las tormentas Noel y Olga, que solo en el caso de la producción de plátanos dejaron pérdidas calculadas en más de RD$1,406 millones.

El agua es un bien escaso para los agricultores y ganaderos. Foto / HILAIRE AVRIL / ECHO
El agua es un bien escaso para los agricultores y ganaderos. Foto / HILAIRE AVRIL / ECHO

Este es solo uno de los tres escenarios posibles. Otro de ellos es que la temporada de lluvias adopte su comportamiento tradicional y eso ayude a la recuperación. “Sabiendo que los agricultores ya tienen el tema del daño y la deuda, no es que ahora, porque llueva, los efectos de la sequía se irán”, acota Carlos Arenas, responsable de acción humanitaria de Oxfam.

De hecho, es posible que ese sea el comportamiento del clima para los próximos meses. Ya la Oficina Nacional de Meteorología advirtió, tomando en cuenta informes de organismos internacionales, que este año la temporada de huracanes será más activa que el año pasado, esperándose 14 tormentas.

En ese sentido, a las pérdidas provocadas por la sequía el año pasado (que solo hasta septiembre se calculaba en 110 millones de pesos en plátano y arroz), aunado a las deudas contraídas para poder sembrar, se suman las pérdidas que podrían ocasionar las inundaciones provocadas por las lluvias en esta temporada.

Los campesinos no están preparados para el peor de los casos: que se reanude la sequía tras las lluvias que trajo mayo. Y para ello, Turbí guarda una respuesta que es aplicable a cualquiera de los escenarios posibles.

“Vamos a dejárselo al tiempo; Dios dirá de ahí pa`alante”.

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